domingo, 29 de julio de 2007

Introducción

Y TRAS contarle mis problemas, el Maestro meditó. Lo hizo por horas, por días, por meses. En la primavera, me llamo a sus aposentos. Mis días de espera en el templo se habían hecho muy largos, aumentados por la ansiedad y la falta de oxigeno. La residencia del Maestro se encontraba en la cima del monto Akanawa, en Kyoto; a más de 4000 metros de altura.

Aquel día primaveral, una geisha de gesto adusto me despertó con el desayuno y me comento que el maestro me esperaba en su salón. Comí muy poco, y apresurado me dirigí hacia la salida de mi habitación y salí al exterior. Era un día soleado, el viento incesante y el cielo totalmente diáfano, que permitía que un fuerte sol reflejara su luz en la verde hierba. Los pájaros cantaban. Mis pies se humedecieron al hacer contacto con el pasto, aun con resabios de la helada nocturna. Descendí mi mano hacia la tierra, puse mi palma sobre ella, luego la lleve a mi pecho y mas tarde a mi frente. Mire al cielo, suspire profundo y esboce: "Oh bella, madre natura".

Rápidamente avancé hacia los aposentos del Maestro. Ingresé a su habitación de meditación y ahí estaba el. Sin mediar palabra, me coloque en frente suyo. Acomodándome a la tradición, nos saludamos cordialmente y nos sentamos en el suelo de madera. El Maestro habló:

:- Tus problemas no responden a otra cosa más que a los problemas del hombre. Mi meditación ha dado frutos, y tú los cosecharás en el espíritu sabio, conservándolo con honor. Utilizaré esta analogía, poética y magistralmente elaborada, para que descubras el sentido de tus problemas; el máximo deseo del hombre hecho pregunta, el misterio de la existencia, el sentido de la vida.

Y prosiguió con la analogía:

“El pastor guió a sus cabrillos entre el frío y el viento. El invierno era fuerte y las colinas nevadas de Kyoto representaban un contraste singular. Su bello paisaje hacia de inspiración de cualquier artista, pero su crudo clima causaba muertes y obligaba a los nobles hombres a cumplir diferentes necesidades, modificando sus tareas.

El pastor, harto de andar y de andar, abandonó a sus cabrillos en un breve claro, provocado por las ramas de un gran árbol. Prosiguió su camino, ahora sin tener que detenerse a ordenar su rebaño. Pasando los días el clima empeoraba, y el pastor llenabase de indignación y desventura. Sus pedidos a las deidades no se concretaban, aun practicando la eucaristía con más frecuencia. Fue en ese momento, que el pastor decidió entregarse a la muerte. Se arrojo en el suelo bajo un árbol, y desvastado por la desesperanza, encendió una fogata para protegerse del frío. Su rebaño estaba perdido, su pueblo kilómetros atrás y su destino incierto.

El pastor tenía la misión de llevar los cabrillos a la residencia de Magnánimo el Venerable, el mas benévolo de los emperadores de Mongolia. El pedido había sido solicitado por Numerios el Tibio, y el pastor había aceptado como forma de complacer a su señor y a las deidades, que a el lo auxiliaban y encomendaban.

El pastor pasó la noche en el suelo, y se durmió pensando que no tenía sentido su pedido, su sacrificio, su existencia. Su única misión era llevar los cabrillos de un lugar a otro. Ahora no tenia cabrillos, ni había llegado a su destino. Para colmo, sus pedidos a los dioses fueron en vano. Toda una vida de sacrificio, devoción y lealtad, sin recompensa o ayuda alguna. El pastor se durmió.

El pastor se despertó cerca del alba, sofocado por un humo denso y blanquecino. La fogata que dejo encendida, auxiliada por el tenaz viento, había quemado el reseco árbol próximo a el, y este a los demás. El incendio era de magnitudes apocalípticas. El pastor corrió, corrió y corrió casi hasta el desmayo. El fuego había derretido parte de la nieve y era más fácil transitar. Siguió corriendo, hasta que salio del bosque. Pudo observar una tremenda hilera de fuego, que llegaba hasta el infinito. El pastor corrió paralelamente al fuego, buscando su final, con la idea de sofocarlo, reparando lo que había causado. Luego de largas horas, el pastor divisó una pequeña cabaña, que estaba a punto de ser consumida por el fuego. Rápidamente comenzó a arrojar nieve a las llamas, al mismo tiempo que gritaba para alertar a los propietarios de la casa. Estos salieron sorprendidos, y estupefactos se apartaron unos metros, hasta que el pastor apago las llamas. El padre de la familia salvada, agradeció al pastor, obsequiándole sus vienes más preciados: 30 litros de aceite y su rebaño de cabrillos. El pastor se negó al obsequio, pero ante la insistencia incesante e indeclinable del hombre, debió aceptar. Compartió su amabilidad con una breve charla. En ella, el pastor se enteró que el hombre era súbdito de Magnánimo el Venerable. Sorprendido, le indico que por favor le marcara el camino a seguir para llegar a su castillo. El agradecido hombre, se ofreció a acompañarlo hasta la residencia del emperador.

Luego de un largo viaje, el pastor diviso la enorme y espectacular residencia del emperador. Ensimismado miro los cabrillos, miro el cielo, y murmurando unas palabras al fin lloró."

2 comentarios:

Anónimo dijo...

MMM, esto es cualkier cosa aunke un poco gracioso


Hubiesen usado el espacio para poner a otros, ono solo a darin

pongan a mariano matinez o a lopilato


saludos

Anónimo dijo...

que haces primo que locura este blog bueno quiero decirte que sos un primo re copado, que siempre me resolves todos mis problemas conla tecnología. Espero que te valla bien en el tenis que es lo que te gusta. Darin es groso lejos pero una mina me gustaria mas espero que la proxima pongas una buena mina y si esta en pelotas muchisimo mejor ha y podrias hablar de sus genitales ya que estas. un abrazo primo el 90% de mi eres tu.
nahu para él jejereje